
¿Iria?- preguntó Ayla.
Era imposible que la niña estuviese alli. A su alrededor la hierva lo cubría todo y había árboles por todas partes. Aunque quizas, la niña supiese ocultarse mejor de lo que pensaba. Bueno, pensó, lo mejor será volver a casa y esperar que regrese. Y no había dado ni tres pasos cuando escucho una suave risa y la sonrosada cara de Iria apareció de la nada.
-¡He ganado!- dijo la pequeña.
- Esta bien, te enseñaré un hechizo... - contestó Ayla- pero tendrás que esperar a mañana, jaja. Ahora ve a jugar con Aigor.
Iria, bajó de la rama en la que estaba subida y se marchó corriendo muy complacida.
