sábado, 19 de enero de 2008

IRIA


¿Iria?- preguntó Ayla.

Era imposible que la niña estuviese alli. A su alrededor la hierva lo cubría todo y había árboles por todas partes. Aunque quizas, la niña supiese ocultarse mejor de lo que pensaba. Bueno, pensó, lo mejor será volver a casa y esperar que regrese. Y no había dado ni tres pasos cuando escucho una suave risa y la sonrosada cara de Iria apareció de la nada.

-¡He ganado!- dijo la pequeña.

- Esta bien, te enseñaré un hechizo... - contestó Ayla- pero tendrás que esperar a mañana, jaja. Ahora ve a jugar con Aigor.

Iria, bajó de la rama en la que estaba subida y se marchó corriendo muy complacida.

La niña perdida


¿cómo se llama? -preguntó la joven desenvolviendo el pequeño saquito de tela que sostenía entre sus brazos.

No puedo decírtelo- contestó el guardián- Es la hija de la mujer de las nieves, la que dió su vida por salvar Ambar. Debemos protegerla hasta que llegue el momento en el que se enfrentará a su destino.

De pronto unas manos firmes golpearon la puerta. Deprisa- apremió el joven guardián-llevala a un lugar seguro, en las fronteras del reino, donde viven los justos y la guerra aún no ha llegado.

La mujer salió apurada por la puerta trasera de la cabaña con la pequeña en brazos y corrió a través del bosque perdiendose en la oscuridad de la noche. Qué fue de ella o de la niña es hoy un misterio.